jueves, abril 14, 2011

One, Singular Sensation

“One singular sensation, every little step she takes
One thrilling combination, every move that she makes
One smile and suddenly nobody else will do
You know you'll never be lonely with you-know-who”
-A Chorus Line

 

La constante búsqueda por la individualidad

Platicaba con el director de la Escuela donde doy clases que, cuando asisto a un evento escolar (exposición, obra de teatro, etc.) empiezo a encontrarme cada vez a más ex-alumnos. Él me sonreía con una mirada de experiencia y sabiduría, indirectamente presumiendo la cantidad de generaciones a las que él les ha dado clases, tal vez pensando en que él ha tenido en sus aulas a hijos de sus propios ex-alumnos. Fue tal vez esa mirada la que me hizo reflexionar lo realmente grandioso que es el poder ir a ese lugar todos los días a impartir mi clase. Además de la inigualable experiencia que es ser profesor, consideren, queridos lectores, que yo mismo estudié en esas aulas algún tiempo atrás. Pasé quince años de mi vida en esas instalaciones y, ahora, regreso todos los días, en un rol totalmente diferente, pero igualmente sorprendente. La situación se torna más interesante cuando, a lo lejos, veo a aquella maestra que me enseñó a leer, o a aquella persona a quien le debo mi gusto por las matemáticas, o al profesor que me mostró las bondades de la literatura, o cuando entro a los laboratorios de computación, donde decidí la que llegaría a ser mi profesión.

De igual forma, cada alumno emprende un viaje único hacia lo que será su futuro. En ese momento, pensamos que, con un poco de esfuerzo y dedicación, podemos llegar a cualquier lugar. Buscamos esa promesa por la individualidad orientada a objetivos claros y bien establecidos y, tarde o temprano, nos encontramos con un obstáculo natural a la interacción humana: el éxito personal está en función del éxito del grupo al que se pertenezca. En otras palabras, el trabajo en equipo es vital para el éxito individual; mi éxito profesional y personal está en función del éxito de mis compañeros.

Creo que el trabajo en equipo se ha convertido en un cliché tanto escolar como laboral, pero siento que es de suma importancia. No me considero un experto en el tema. Por el contrario, es una disciplina que me ha costado mucho a lo largo de los años. No, por eso, le resto importancia.

Sucedió hace cerca de un mes, en que les dejé a mis alumnos un proyecto para que fuera realizado en equipo, que un integrante de alguno de los equipos, se acercó conmigo con una duda. Estuvimos trabajando arduamente en encontrar y corregir el error de su programa, pues no era trivial e implicaba mucha depuración del código. Sin embargo, su compañero de equipo, decidió tomar en sus manos el mismo problema y, de su lado y sin avisarle al otro integrante de su equipo, decidió borrar todo lo que llevaba y buscar otro tipo de estrategia o algoritmo. Al día siguiente, ambos alumnos se vieron por la mañana, y el primero le comentó que habíamos arreglado una parte del código con la que habían estado teniendo problemas. A su vez, el segundo alumno le comentó al primero que tenía una duda de lo que había estado avanzando y que si lo acompañaba a verme para preguntarme cómo resolver su duda. Me encontraron en el salón de maestros y, cuando abrimos el programa, me di cuenta de que todo lo que habíamos trabajado el día anterior, no existía más y había nuevos errores qué depurar. Mi sugerencia, evidentemente, fue quitar ese código y dejar el que habíamos estado trabajando con su equipo. Sin embargo, en esa búsqueda por la individualidad, creo que herí susceptibilidades internas y el alumno con el  nuevo código que no funcionaba, se frustró, muy probablemente por todo el esfuerzo que le dedicó la noche anterior. Lo importante, en esa situación, no era quién había trabajado más para arreglar el problema de su proyecto, sino que el equipo completo hubiese tenido conocimiento del avance del otro integrante y que hubiesen ideado una estrategia conjunta para atacar los problemas. En resumidas cuentas, la comunicación clara y oportuna hubiera evitado frustraciones, y hubieran podido aprovechar su esfuerzo y su tiempo para avanzar más eficientemente.

Yo mismo he cometido este tipo de errores. Además de dar clases, trabajo en una compañía lo suficientemente grande como para forzosamente tener que trabajar en equipo con las distintas áreas que la conforman. Recuerdo el momento en que, uno de mis clientes, tuvo un problema bastante serio. Estando yo del lado de soporte técnico, me puse la camiseta de Superman y me fui con todo con tal de solucionarlo, cuando, al igual que mis alumnos, lo mejor que pude haber hecho, fue tener una comunicación clara con todos los involucrados y llegar al cliente con una solución bien planeada y con una estrategia bien pensada por todos los que compartimos objetivos con ellos.

Así es la naturaleza humana, así pasa en esta vida, y, como alguna vez dijo Rita Mae Brown, “Good judgment comes from experience, and often experience comes from bad judgment.” Tal vez, por eso son tan difíciles las entrevistas de trabajo: están evaluando tu desempeño individual para saber qué tan bien vas a trabajar en un equipo. Uno llega, currículum en mano, con la esperanza de que alguien que, apenas te conoce logre verte como parte de un equipo que, muy probablemente, tampoco conoces…


La línea del coro

A Chorus Line 3

Hace algunos meses, se estrenó en México una nueva producción de La línea del coro (A Chorus Line). Esta obra de teatro musical trata sobre una serie de bailarines y cantantes que se encuentran a la mitad de una audición que, a final de cuentas, es un tipo de entrevista muy parecida a la que discutí al final de la sección anterior.

En 1975, se estrenó en Broadway un musical que muy pronto se convertiría en un ícono dentro del género. Paradójicamente, esta obra carece de muchos elementos que normalmente asociamos con producciones de alto nivel en Broadway: el vestuario es, ante todo, simple, con unos cuantos leotardos y ropa de baile o ejercicio; ausencia de escenario, a excepción de unos espejos en la parte trasera del escenario; la obra transcurre exclusivamente dentro del escenario de un teatro anónimo que sirve para la audición. ¿Qué se puede hacer sin un escenario rotatorio plataformas que entran y salen mágicamente de la escena, o sin los trajes luminosos y detallados, o, incluso, sin una estrella en el elenco que sea capaz de atraer a fanáticos de todas partes del mundo? La respuesta es sencilla, aunque la ejecución, no lo es tanto: si tu obra se trata de una audición de baile, contratas a los mejores bailarines que puedas encontrar, y les pones una historia cautivadora con la que el público pueda identificarse con, al menos, la mayoría de los integrantes. Esto es lo que pretende hacer A Chorus Line, presentándonos a una serie de bailarines y cantantes que aguardan detrás de la línea de audición, para ser elegidos por un director que quiere saber de ellos antes de darles un papel en una obra anónima.

De esta forma, y al igual que todos nosotros, cada uno de los personajes intenta pasar la línea del coro para mostrarnos un poco más de su contexto, de su historia y de sus ambiciones, esperando lograr convencer al director de contratarlo. Ahí, nos encontramos con la chica que tuvo dificultades para sentir a sus personajes en las clases de actuación; al bailarín que, robándole el equipo de baile a su hermana, se vuelve en un experto bailarín de tap; a la chica que se niega a dar su edad; al chico homosexual que describe el momento en que descubre su orientación sexual; a la ex-amante del director, que ahora tiene que hacer una audición para aparecer en el coro, a pesar de que su antiguo amor le indique que ella se merece mucho más; a la actriz que cuenta la historia de su infancia frustrada y su proyección hacia el ballet; al clásico amigo gay de que ahora tienen todas las mujeres; a la chica pueblerina que decide pasar por una cirugía estética con tal de mejorar sus atributos físicos; a la señora que nunca ha podido cantar, pero cuyo esposo la apoya en cualquier momento; al que reprimió su juventud en aras de lograr su sueño... La verdadera pregunta es, si en algún momento, yo estaré contando la historia del profesor de preparatoria, el gerente de cuenta técnica, que escribe sobre musicales y de sus experiencias en el trabajo en un blog... No lo sé, pero definitivamente, todos tenemos una excelente historia que contar, o aquel secreto que preferimos guardar y que protegemos con nuestras vidas. Quizás, lo que nos haga falta sea exponernos a la línea del coro, y recordar de dónde venimos y quiénes somos.

Empezamos como parte del montón, siendo una parte diminuta de un todo. Luego, nuestra forma de ser nos obliga a querer sobresalir, que noten nuestros logros y nuestro esfuerzo, como se muestra en el siguiente video de la adaptación fílmica de A Chorus Line:

I hope I’ll get it!
 
La producción mexicana, basada en el Revival de Broadway, no tiene nada que pedirle a lo que he logrado ver de otras producciones estadounidenses. Los bailarines son magníficos y, aunque escuché un par de notas evidentemente desafinadas, me pareció que fue lo suficientemente bueno, como para hacerme ir a verla dos veces. Desafortunadamente, la idiosincrasia mexicana es algo distinta a la estadounidense y la obra recibió una crítica muy dura y, a mi parecer, injusta, debido a que estamos acostumbrados a montajes deslumbrantes de Broadway, y es difícil apreciar la magia de un buen bailarín. Les dejo, a continuación un video del número final de la obra (debe verse directamente en YouTube). Este número tiene una de las coreografías más deslumbrantes de la obra que, a su vez, representa la ironía de la que hablábamos en la sección anterior: en una constante búsqueda por la individualidad, cada integrante se convierte en parte de la línea del coro, con movimientos similares a los de sus compañeros, haciendo difícil distinguir quién es quién, a menos de que nos fijemos en sus rostros o demás características físicas.
 
Excelente interpretación por parte del elenco mexicano

Como dijo Michael Bennet en alguna ocasión:

I want the audience to walk out of the theatre saying, 'Those kids shouldn't be in a chorus!' And I want people in the audience to go to other shows and think about what's really gone into making that chorus . . . It fades with them kicking. That's it. That's the end of the show. There are no bows. I don't believe in bows, just the fade out. That's what a dancer's life is.

Por tanto, una obra de este estilo, en un país como México, necesita mucha promoción para poder subsistir en una economía problemática y alrededor de una cultura igualmente empobrecida. Un evento que se llevó a cabo en una de las principales avenidas de la Ciudad de México, fue, quizás, una de las publicidades más llamativas de la obra. Se hizo uno de los ya cada vez más frecuentes flashmobs en Reforma, para promocionar La línea del coro y les comparto el video del resultado:

Insisto… La vida debería ser un musical.
De esta forma, esa tonada del inicio del número final de A Chorus Line se ha convertido en un emblemático tema de cualquier ensayo teatral dentro de la cultura popular norteamericana, al extremo de que, incluso, las fuentes danzantes del Bellagio, en Las Vegas, cuentan con esta canción dentro de su repertorio de música para su espectáculo diario (el video también se debe ver directamente en YouTube):
 
Emblemático, desde Las Vegas
 
Incluso, programas tradicionales como Sesame Street han incorporado sketches basados en este musical:
Ya sé cómo mis hijos van a aprender a contar…

Estimado lector: ¿Tiene alguna experiencia acerca del trabajo en equipo que quiera compartir? ¿Gusta hacer alguna reseña de alguna producción de A Chorus Line que haya visto? ¿Quiere aumentar alguno de los temas que comento en esta publicación? ¿Gusta dejar un agradable saludo? Sus comentarios son bien recibidos en la sección pertinente de este blog.

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