jueves, noviembre 05, 2009

La fotografía de la semana. Parte II (Día de Muertos)

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En verdad que cada vez que camino por el Centro, me encuentro con vistas realmente impresionantes: desde arlequines comprando hamburguesas en Burger King, hasta adornos por las calles que se adecúan a cada situación. El otro día, me encontré con esta entrada adornada con motivo del Día de Muertos. A la derecha, se puede apreciar la parte inferior de la Torre Latinoamericana, donde aún tengo pendiente ir a comer al restaurante Miralto. La verdad es que esta entrada se ve muy impresionante en persona; tanto, que tuve que esperar un rato en lo que se quitaba tanta gente que hacía fila para retratarse. Espero les guste esta fotografía. Se agradecen los comentarios.

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domingo, noviembre 01, 2009

La fotografía de la semana. Parte I (Bellas Artes)

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El martes de la semana pasada, iba caminando rumbo a mi trabajo y me detuve un momento a admirar mis alrededores. Me puse a pensar que, al menos, dos días a la semana paso frente al Palacio de Bellas Artes y pocas veces me he detenido a ver lo hermosa que es esta construcción. Me volví a mi alrededor y noté con cierta amargura que los demás transeúntes tampoco se detenían ni por un suspiro a revisar la belleza inequívoca del entorno. Por tanto, decidí sacar mi celular, aprovechar que tengo una cámara integrada al teléfono, esperé a que no pasara ningún automóvil, y tomé una fotografía. Extrañamente, siento que salió bastante bien. Ya en el trabajo, decidí descargarla a mi computadora y presumí, a tantas personas como había a mi alrededor, lo bien que había salido dicha fotografía, considerando que había sido tomada desde mi celular.

Después de un rato, una amiga retomó el suceso de la foto y me comentó que siempre había querido tomar clases de fotografía. En algún momento de mi vida, entré a clases en la Universidad, pero el costo era mucho mayor de lo que yo podía pagar en ese entonces. Quedamos en revisar costos de cursos de fotografía; pero mientras tanto, nos hicimos a la tarea de tomar fotografías amateur con los teléfonos celulares y publicarlas semanalmente en nuestros respectivos blogs. De esta forma, tendremos un buen pretexto para seguir actualizando nuestros blogs. Con esta publicación, inicio una nueva serie que, espero, tenga tanto éxito como la de las Ocurrencias de los alumnos. ¿Alguien más desea unirse a la causa? Sus comentarios son siempre bienvenidos.

ACTUALIZACIÓN: Un amigo publicó una entrada similar más o menos al mismo tiempo que salió esta publicación. Pueden leer su entrada en: Jornadas: Lugares olvidados

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sábado, octubre 10, 2009

The Reader

The Reader 6 “She had favourites. Girls, mostly young. We all remarked on it, she gave them food and places to sleep. In the evening, she asked them to join her. We all thought - well, you can imagine what we thought. Then we found out - she was making these women read aloud to her. They were reading to her.” – Bernhard Schlink (The Reader)

 

 

Muchos de mis vicios actuales fueron adquiridos durante mis épocas de Preparatoria y durante la Universidad. Definitivamente, uno se mis más grandes vicios fue adquirido en la escuela donde estudié el Kinder, la Primaria, la Secundaria y la Preparatoria. Hasta la fecha, me es muy difícil pasar periodos de tiempo largos sin tener qué leer. La lectura se ha convertido en algo más que un pasatiempo; se ha convertido en parte esencial de mi vida. Recuerdo las épocas de proyectos y exámenes en la Universidad, en los que apenas tenía tiempo para respirar. Podíamos pasarnos semanas enteras en casas de amigos tratando de entregar los benditos proyectos en la fecha establecida por los profesores. Incluso, hoy en día todavía hay ocasiones en las que tengo que pasarme la noche en vela (como si las velas aún protagonizaran los desvelos) tratando de sacar algún entregable para mis clientes o para mis alumnos. En esas ocasiones de ocupación máxima y desmesurada, a pesar de la calidad de los resultados que entregábamos (normalmente solían ser bastante buenos) siempre tenía un sentimiento de vacío, y la verdad es que tengo la necesidad de tomar algún libro para sentirme bien conmigo mismo. Creo que el exceso de textos que tuve que leer en mi educación básica hicieron de mí, quizás no un ser más conocedor, pero definitivamente, un ser mucho más lector.

Recuerdo que mis papás me leían todas las noches. De hecho, en alguna ocasión, compraron uno de esos libros con trescientos sesenta y cinco cuentos, uno para cada día del año. Ingenuamente creíamos que nos iban a durar tanto tiempo pues, al cabo de unas semanas, ya habíamos recorrido los cuentos, incluso varias veces. Recuerdo especialmente el cuento de una lechera que, por ir pensando en una fortuna a futuro, tiraba su jarrón de leche, echando a perder sus sueños. No sé por qué me gustaba tanto ese cuento. Mi mamá, indulgentemente, lo leía continuamente, a veces hasta el cansancio; pero había algo en esa historia que me llegaba en ese entonces.

También llegan a mí memorias de cuando aprendí a leer. Tengo vagos recuerdos de haber creído que el aprender a leer era un proceso físicamente doloroso. No me explicaba cómo alguien, con sólo ver una página, podía reproducir una y otra vez las palabras que eran contenidas en ella. Me imaginaba que, en algún punto de la vida, uno tenía que someterse a una especie de intervención quirúrgica combinada con polvos mágicos y, a partir de ahí, uno salía con la extraña habilidad de leer. Fue hasta que relacioné el hecho de que podía haber garabatos que representaran sonidos, que pude tranquilizarme y entender que leer era una habilidad adquirida, como caminar o jugar algún deporte.

El primer libro formal que leí en mi vida por mí mismo, fue El diario de Ana Frank. Sé que es un ejemplar algo atípico para ser el primer libro de alguien, pero hubo un tiempo en que encontré cierto interés por la Segunda Guerra Mundial y por el Holocausto. Todavía hoy en día siento cierta atracción por las anécdotas que han salido a la luz de ese momento histórico que, esperemos, nunca se repita.

En uno de mis últimos viajes a Estados Unidos, me encontré en un Barnes & Noble un libro que llamó poderosamente mi atención. Para empezar, muestra a Kate Winslet en su portada semidesnuda y con una expresión que me intrigó en el momento en que la vi. En segundo lugar, el título, The Reader, me recordó por un momento mis experiencias aprendiendo a leer. Por otra parte, tenía un pequeño letrero que afirmaba que venía una película basada en ese libro próximamente. Finalmente, leyendo la contraportada, me di cuenta de que tenía una historia que involucraba a la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.

The Reader (Movie Tie-in Edition) (Vintage International)

Lo compré en aquella ocasión y no me hice el tiempo necesario para leerlo (a pesar de sus breve longitud) hasta ahora. La verdad es que la historia es interesante, el libro está bien escrito, pero siento que no aporta demasiado al lector. Alcanza a tocar brevemente algunos temas meramente humanos (adolescentes en ocasiones) pero no le permite al lector identificarse con los personajes. En ocasiones, se pierde en discursos filosóficos que, si bien, complementan la historia principal, también es un hecho que distraen demasiado de los hechos principales. Hubo un momento en que decidí terminarlo simplemente por puro rigor de lector; sin embargo, debo decir que el final valió la pena el hecho de que no me hubiera desesperado y no lo hubiera abandonado.

Extrañamente, éste es uno de esos casos raros en los que la película sobrepasa la calidad del libro. A pesar de ser, casi en su totalidad, fiel al libro, la cinta muestra un giro vertiginoso frente a cómo presenta cada uno de los eventos de la novela. A mi parecer, existe un sentido de coherencia y cohesión que nunca experimenté en el texto escrito.

The Reader 1Aunque dice ser protagonizada por Kate Winslet y Ralph Fiennes, la verdad es que Winslet se lleva, por mucho, las palmas en esta película. No en vano le mereció el Óscar a mejor actriz estelar de 2009. Hay que mencionar también la actuación de David Kross quien encarna una versión joven de Ralph Fiennes. Por otra parte, Fiennes tiene un papel casi secundario y aparece brevemente, sobre todo hacia el final de la película.

Winslet interpreta a Hanna, una mujer alemana que esconde bajo su orgullo un secreto que la condenará por el resto de su vida. Fiennes y Kross interpretan a dos versiones distintas de Michael Berg, un joven enamoradizo que tiene que luchar contra su moral interna a favor de la dignidad de su amada, Hanna. ¿Qué es lo que une a estos dos personajes y qué es lo que los mueve a lo largo de la historia? La lectura.

The Reader 4

De esta forma, la lectura parece ser un personaje que rodea a todos los demás temas que presenta la trama. En ocasiones, es un pretexto sensual; otras veces, es motivo de conflicto; a veces, representa la injusticia; y finalmente, determina la dignidad de los personajes, y es que, no hay nada como una buena lectura en voz alta. Ahora que lo recuerdo, muchos de mis profesores de literatura de la Preparatoria son muy buenos oradores y excelentes lectores en voz alta. Creo que eso influyó fuertemente en el gusto por la lectura con el que salimos varios de los alumnos de esa Escuela.

The Reader 3 Me gustaría decir que el maquillaje es bastante malo. La versión madura de Kate Winslet no es del todo creíble; sin embargo, el libro es muy enfático en describir que, a pesar de sus años, todavía conservaba ciertos rasgos juveniles y un todo de voz constante. Por tanto, pudo haber sido decisión del director. Creo que la dirección, que corre a cargo de Stephen Daldry, es excelente. Toma muchas decisiones acertadas y tiene un juego de cámaras y de sombras que a veces las usa como transiciones, a veces para esbozar las personalidades de los personajes. Creo que sus elecciones van todas hacia el propósito constante de seguir contando una historia que, me parece, es de los puntos más importantes en una película.

The Reader 5

Por primera vez, recomendaré la película y no el libro:

Película: 9/10

Libro: 7.5/10

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miércoles, septiembre 30, 2009

Ocurrencias de los alumnos. Parte XI

Study  http://www.flickr.com/photos/frammenti/ / CC BY 2.0

La semana pasada fue, en definitiva, una de las más intensas de toda mi vida. El lunes y el martes, salí alrededor de la media noche de las instalaciones de mi cliente, el miércoles sucedió un problema crítico relacionado con una base de datos y tuve que quedarme toda la noche del miércoles al jueves y del viernes al sábado. Llegué a la casa el sábado por la noche y el domingo no fue mas que una transición de sueño entre un día de arduo trabajo y el lunes, que empezó de nuevo la semana. He estado francamente agotado y siento como si todavía no me recuperara del todo.

Siempre he dicho que la vida da altas y bajas constantemente y, por más antagónica que parezca, siempre habrá momentos mejores. Es simple cuestión de probabilidad.

Recapitulando el día de hoy, me di cuenta de que sucedieron dos eventos que me levantaron los ánimos y, francamente, ya me siento mucho mejor. Ambas situaciones tuvieron que ver con mis alumnos.

Hoy en la mañana, dediqué la clase a avanzar el proyecto y revisar si había dudas. Como nos acercamos a los exámenes bimestrales, trato de relajar un poco las clases, para no presionar tanto a los chicos y me pongo a platicar con ellos en lo que trabajan. De esta forma, uno llega a enterarse de los mejores chismes del mundo estudiantil: desde las novedades de la Fiesta Mexicana, hasta que una pareja escolar cumple hoy sus primeros tres meses de noviazgo. Caminando entre las computadoras, me acerqué a regañar a una alumna que no estaba trabajando y, de la nada, abrió su programa y me dijo “Ya acabé.” Francamente, me extrañaba que no estuviera programando, debido a que suele ser una alumna muy dedicada. Corroboré brevemente el dato que acababa de comentarme y decidí que era momento de ponerme a platicar con ella. Platicamos de las excursiones que están planeando por parte de la escuela, de los trabajos y tareas que tienen que entregar en esas semanas, de sus impresiones de los exámenes de su último año en la escuela, y finalmente, decidió platicar de su novio, quien está estudiando en el ITAM. De repente, vi cómo le brillaron los ojos y me dijo “Ruy, lo mejor de todo es que yo le ayudo con sus tareas de computación.” Ante mi mirada escéptica, reafirmó diciendo “Sí, yo sé más que él de programación.” Eso, francamente, me alegró toda la mañana.

El segundo suceso fue hace un par de horas, cuando me contactó una ex-alumna, miembro de la primera generación a la que le di clases. Seguía sacando los pendientes que no pude atender la semana pasada y me llegó el siguiente mensaje a mi Messenger:

¡¡Hey, Ruy!! Sólo quería decirte que, de nuevo, brillé por saber programar, jajaja. Neta te lo debo a ti… y eso que hace como un año que no programaba y pues ya se me olvidaron varias cosas… pero bueno, sólo es cosa de repasar.

Creo que, como maestro de preparatoria, son dos de los mejores comentarios que nos pueden hacer. El primero pudo haber sido un excelente intento por hacerme la barba. El segundo, lo siento un poco más genuino. De cualquier forma, no dejan de hacerme sentir que mi esfuerzo como maestro rinde frutos, quizás no a todos los alumnos, pero sí a los que deciden tomar en serio mi clase.

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domingo, agosto 30, 2009

New York Update

NY II 2008-07-31 047

Como bien expresó El Inge en un comentario de la publicación anterior, viajar y escribir suelen ser actividades difíciles de seguir, sobre todo en una ciudad con tantas cosas qué hacer, como lo es Nueva York. A pesar de que soy muy afecto a la crónica y la anécdota, la vorágine de actividades y lugares para conocer me ganó y, a pesar de que en diversas ocasiones saqué mi computadora para seguir con la crónica, no avancé mucho. Sin embargo, me hice de una pequeña libreta y una pluma que me acompañaron a lo largo de mi viaje y pude hacer varias anotaciones importantes para después escribir la crónica que prometí. Eso, aunado a la magia de las fotografías que tomamos, me han puesto a trabajar en los últimos días en una descripción de los puntos importantes del viaje. Estaré haciendo actualizaciones periódicas, en cuanto termine de organizar las fotografías, notas, recuerdos y demás.

Por otra parte, ya he regresado a las labores docentes y es aparte siempre me ha quitado bastante tiempo de escritura. Intentaré organizarme de la mejor forma, dejar Facebook en segundo plano (a pesar de ser un adicto consciente de los males de las redes sociales) y retomar mi blog que, a pesar de que tantas actividades en mi vida diaria sugieren que debería dejarlo por el bien, aún queda un sentimiento interior que me impulsa a seguir escribiendo.

Finalmente, quisiera agregar que mi trabajo formal y de tiempo completo que realizo al día a día me consume más tiempo que antes. Tengo mayores responsabilidades y, con eso, se va todo el tiempo personal que tenía hace no mucho. He tenido que dejar varias cosas (como el teatro e, incluso, un grupo de mis alumnos) pero me niego a dejar tantas cosas que me gustaban por completo. Tal vez la frecuencia con la que hacía mis pasatiempos disminuya, pero me niego a creer que es hora de dejar atrás las actividades que forman parte de mi ser. Tal vez sea la crisis de los 25, pero hay varios de mis amigos y seres de edad cercana que están pasando por situaciones similares. Algunos, incluso, se encuentran pasando por situaciones mucho más adversas.

Creo que es una época de decisiones, de complicaciones, y, sobre todo, de mucho trabajo. Por si a alguien le interesa, sigo aquí, empeñado en hacer crecer mi blog, y buscando seguir siendo yo mismo.

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lunes, julio 27, 2009

New York I – Start Spreading the News!

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Imagen de fergusonphotography

Desde que era pequeño, mi familia siempre se preocupó por compartirme ese placer por conocer nuevos lugares y viajar. Quizás, nunca viajamos a lugares demasiado exóticos, ni demasiado lejanos o místicos, pero siempre procurábamos hacer, al menos, un viaje anual. Es totalmente comprensible, considerando que la mitad de mi familia vive en Costa Rica y la otra mitad vive en Guanajuato. Evidentemente, mis papás se preocuparían tarde o temprano por llevarme a conocer a sus respectivas familias. Poco a poco, fuimos expandiendo nuestras sitios de visita y esa costumbre temprana me llevó a conocer lugares inimaginables, a lo largo de América y Europa.

Cuando salí de la primaria, mis papás decidieron festejar los seis años de arduo trabajo y de excelentes calificaciones (solía ser más aplicado que en recientes fechas) con un viaje a la parte más al norte de América que he conocido. El viaje incluyó ciudades como Philadelphia, Washington D.C., Pittsburgh, Niágara, Toronto, Ottawa, Montreal, Boston, Cambridge y, por supuesto, Nueva York.

Fue en esa ocasión, cuando me enamoré de la ciudad que nunca duerme, con la gente por millares, las tiendas derrochadoras, las excentricidades exquisitas, el bullicio citadino, la prisa y el estrés, los parques gigantescos, los rascacielos impertinentes, los restaurantes inimaginables, y el teatro musical en su máxima expresión. Recuerdo que fue breve nuestra estancia. También debo mencionar que fue algo accidentada, pues todos éramos novatos en aquel tiempo hace ya tantos años atrás y una ciudad como Nueva York acoge sólo a aquellos viajeros experimentados que buscan cierto nivel de aventura citadina.

La aventura continúa, pues desde hace ya varios meses, unos amigos del trabajo y yo hemos estado planeando un viaje a Nueva York. Francamente, cuando surgió la idea, no me sentí lo suficientemente seguro con ella. Llevo años viajando y siempre he tenido la ayuda de mis padres en la parte económica. Incluso, cuando me fui a Argentina con mis amigos, a pesar de que terminé pagando todo el viaje, mis papás me apoyaron con la tarjeta de crédito que sería acreedora a los meses sin intereses que hacían al viaje costeable. En esta ocasión, es distinto, es oficial: he terminado de pagar todo lo necesario para mi viaje y saldré el próximo viernes a emprender una travesía que había estado esperando desde hace ya muchos años. Tenemos listo el vuelo, el alojamiento, y ciertas atracciones, incluyendo boletos para The Phantom of the Opera, The Lion King y Wicked. Hasta el momento, es todo lo que había deseado desde hace ya mucho tiempo.

He comprado una cámara nueva y me he llenado con la determinación de escribir, aunque sean breves palabras, de manera persistente en este blog, acerca de lo que acontezca en esta ciudad. Tengo muchas ilusiones de este viaje y quisiera que esta bitácora viva por mucho tiempo, para tener de dónde recordar esta experiencia tan prometedora.

Por lo tanto, si mi blog aún cuenta con la valiosa participación de lectores, por más escasos que sean, debo pedirles que estén al pendiente de las actualizaciones que haga a partir del próximo viernes 31 de julio, día en que empezará esta aventura.

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domingo, junio 07, 2009

La elegancia del erizo

umbrella “Aparentemente, de vez en cuando los adultos se toman el tiempo de sentarse a contemplar el desastre de sus vidas. Entonces se lamentan sin comprender y, como moscas que chocan una y otra vez contra el mismo cristal, se inquietan, sufren, se consumen, se afligen y se interrogan sobre el engranaje que los ha conducido allí donde no querían ir.”Muriel Barbery (La elegancia del erizo)

Imagen de Thomas Hawk

Todo inició como suelen comenzar los mejores relatos: con una noche lluviosa y una mujer misteriosa… Había llegado a mi casa después de un arduo día de trabajo. Empezaba a descalzarme y a recostarme brevemente sobre el sillón de la sala en lo que escuchaba cómo las gotas golpeaban los vidrios que separan la sala de mi casa con el balcón y el exterior del edificio.

Estaba a punto de caer en un letargo de cansancio, cuando recibí un mensaje de texto en mi celular. Me incorporé de nuevo, tratando de alejar el sopor, y leí: “Vecino, ¿se encuentra usted en su casa? Necesito hacerle un depósito.” El remitente era una amiga a quien había encontrado en Internet después de mucho tiempo de no platicar. La semana anterior habíamos ido por un café y habíamos charlado de la vida, del trabajo, de las ilusiones perdidas, y de mi crisis de los veintes. Respondí de manera afirmativa, preguntando acerca de a qué tipo de depósito se refería. Lo único que recibí de regreso fue un “Llego en 10 minutos.”

Me quedé un momento pensando en si me debía dinero por alguna razón, o si había mencionado algo acerca de un depósito la semana anterior. Sin encontrar una respuesta coherente al respecto, decidí que lo mejor que podía hacer era simplemente esperar a que llegara.

Diez minutos después, sonó el timbre con exactitud cronométrica. Bajé a abrir y me encontré a mi amiga esperando pacientemente en el umbral de la puerta del edificio donde vivo. Llevaba un abrigo impermeable y sostenía un paraguas con la mano derecha, mientras en la mano izquierda cargaba su bolsa y algunos artículos que acababa de comprar. La saludé con toda cortesía y, sin perder el tiempo en plática cordial sin sentido, buscó en su bolsa un artículo que, tras sacarlo y verlo por un instante, depositó en mi mano.

-Sabía que si decía que venía a dejarte un libro, no lo aceptarías, así que tenía que decirte que era un depósito –dijo, seguramente sonriendo para sus adentros. Tenía razón. Yo también sonreí discretamente.

Sin decir más, se despidió y amablemente rechazó mi intento por acompañarla de regreso a su casa. Observé en mis manos un libro con una fotografía de una niña en la portada, con la Torre Eiffel como fondo, retocado con colores pastel. Me volví una vez más hacia la dirección por la que mi vecina había llegado y me quedé mirándola caminar elegantemente bajo la lluvia, sosteniendo firmemente su paraguas.

Regresé de nuevo al sillón y empecé a hojear el libro. Se trataba de una novela originalmente francesa llamada La elegancia del erizo, un nombre que, a mi parecer, era poco común y le añadía cierto misterio a la misma obra.

Debo admitir que ha sido uno de los mejores depósitos que me han hecho en mi vida. Ha sido un libro que ha cambiado mi forma de ver la cotidianeidad en una ciudad como lo es México DF. Me explico:

Grenelle 47 Rue de Grenelle, Paris, France
Imagen tomada de Google Maps

La novela trata de dos historias paralelas, la de Renée Michel y la de Paloma Josse. Ambas viven en el número 7 de la calle Grenelle, en París y comparten otra peculiaridad: frente a un entorno banal, hipócrita y absurdo, ambas esconden una faceta erudita que les permite sobrevivir ante las paradojas que las rodean.

Renée es la portera del edificio, y tiene la completa determinación de aparentar ser nada más sofisticado que eso. Teme llamar la atención de los residentes burgueses y ha aceptado el arquetipo de pobre frente a una sociedad privilegiada. Enciende la televisión en el canal más trivial que encuentre cada vez que pasa alguno de los habitantes del edificio, se muestra renuente a utilizar un amplio vocabulario, a pesar de conocerlo, y vive escondiendo uno de sus atributos más interesantes, una pasión por la filosofía. De esta forma, mientras está segura de que nadie la está observando, se ocupa en leer a Tolstoi, Husserl y Kant, así como en escuchar a Henry Purcell y Gustav Mahler. Lo interesante de este personaje reside en su manera de contarnos los sucesos de cada día. Escribe a manera de novela, principalmente en presente, mostrándonos su tesis a través de pequeños ensayos que va intercalando con los eventos cotidianos.

Paloma es una niña de doce años que se sabe más inteligente que su familia, que sus amigos y sus maestros en la escuela. Es hija de un miembro importante del Parlamento y vive resguardada tras sus pensamientos, y a través de los diarios que escribe periódicamente. En el primero, titulado Ideas profundas, describe a la vida desde su propio punto de vista. En el segundo, Diario del movimiento del mundo, describe todo aquello que cree merecedor de su atención, en una búsqueda incesante por convencerse a sí misma de que la vida vale la pena ser vivida. En mi parecer, Paloma es el personaje más encantador de esta novela. Las personas que me conozcan, sabrán que siempre he anhelado tener una hija en algún punto de mi vida futura. Suponiendo que yo llegue a ser mejor padre que el de esta niña, Paloma representa un prototipo de hija que me gustaría tener en el futuro. Tiene todo lo que se podría esperar de una niña de esa edad: un intelecto suficiente como para discutir basado en argumentos lógicamente correctos, una pasión por la lectura y por el conocimiento, un sentido agudo del propósito la gramática y la ortografía, un respeto por el arte y la poesía, admiración por las culturas y, por supuesto, cierta ingenuidad ante la vida. Al igual que la señora Michel, Paloma ha decidido esconder todas estas cualidades, no tanto por protegerse, sino para evitarse el estar lidiando con intelectos menores. Es Paloma quien describe al comportamiento de Renée como la elegancia del erizo, pues es una metáfora muy bella en la cual, el erizo permite ver hacia afuera una imagen llena de púas inofensivas, pero por dentro, es un animalito bastante refinado.

Entra en juego un tercer personaje, Kakuro Ozu, un japonés que llega al edificio y que servirá como catalizador para los dos personajes anteriores. Entre los tres, observarán al mundo con nuevos ojos, con la capacidad de sorprenderse ante la belleza de la vida que los rodea.

En especial, me llamó mucho la atención el sentido de la estética que se discute a lo largo del libro. Cuestiones como la belleza del lenguaje son temas que casi no he visto discutirse. Por ejemplo, concuerdo con Paloma en la aseveración de que cualquier maestro de Lengua que diga que la Gramática sirve para “escribir bien” debe ser condenado irremediablemente a al hoguera. El ser humano, como el ser estético que es, tiene la capacidad de reconocer la belleza en el lenguaje. La Gramática es una herramienta que hemos perfeccionado a lo largo del tiempo para reconocer esta belleza intrínseca del lenguaje.

Estoy francamente impactado del efecto que ha tenido este libro en mí. Lo recomiendo ampliamente a todo aquél que haya caído en el ir y venir de los hombres grises y que esté dispuesto a ver al mundo a través de una propuesta filosófica muy interesante que Muriel Barbery pone sobre la mesa. En lo personal, me he encargado de depositar este libro en las manos de varias personas que conozco que sé que podrán valorar el contenido de esta novela. Si alguno de los pacientes lectores que hayan llegado hasta este punto de esta publicación ha tenido una experiencia semejante con éste u otro libro, agradeceré sus comentarios.

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